Aprender a Soltar el Control

Por Alexandra Rossi

Soltar el Control

Desde que comenzó la segunda ola del feminismo en los años 1960 las mujeres hemos tomado la batuta en aquellas cosas en que estábamos a la merced de los hombres. Comenzamos a salir a trabajar, a ser independientes, a tomar el control de la familia, y a no dejar que nadie nos diga que debemos estar en casa cuidando a los niños, cocinando y limpiando. Como todo, esto tiene su lado bueno y su lado malo.

Muy bueno es trabajar y ser productivas, como dice en Proverbios 31, ser mujeres virtuosas, fuertes, seguras y exitosas. Sin embargo, desde pequeñas se nos ha enseñado que tenemos que tomar el control, y no es raro ver en los medios sociales mensajes como “eres una mujer independiente que no necesita ayuda de nadie”.

Sin embargo, hay algo que no se nos ha dicho y es que al tomar tú el control de todas las cosas estás dependiendo completamente de tus habilidades, las cuales son limitadas; de lo que ves como ser humano, lo cual es también limitado; y de tus propias fuerzas, las cuales desafortunadamente también tienen un límite.

Soltar el Control

En la Biblia Dios nos dice que Él es nuestro ayudador. ¿Por qué? Porque sabe que somos limitadas. Imagínate que tú ves a un bebé caminando hacia un hueco en el suelo. Él no lo ve porque desde donde está no puede, pero tú sí. Y cuando lo intentas salvar él te hace una pataleta.

Así nos comportamos muchas veces cuando Dios nos quita algo que queremos, cierra aquella puerta por donde queríamos pasar, o nos saca de situaciones que nos gustan sin saber que nos lastimarán. Pero nos molestamos porque queremos tener el control de la situación. Confiamos más en nuestras habilidades que en las de Dios, o creemos que Dios no nos entiende, o sabemos que lo que queremos quizás no está de acuerdo con lo que Dios dice, así que lo dejamos por fuera.

¿Suena familiar?

No Un Poquito, Todo

Una conocida mía decía una vez en una reunión que ella dejaba que Dios controlara una parte de su vida, pero no la otra. ¿Te sucede lo mismo?

Darle el control a otro ser humano de algo que tu controlas totalmente es difícil, porque estás acostumbrada a ser tú la que tiene el timón. Pero Dios no es un ser humano que comete errores; Él es Dios. El infalible, el que sabe lo que fue, lo que es, y lo que ha de venir, el que te conoce mejor que tú misma, el que te formó en el vientre de tu madre y sabe cuántos cabellos hay en tu cabeza. ¿No te parece que Dios sabe mejor que tú lo que te conviene y lo que no?

Imagínate que vas en un automóvil por una autopista y le das al que va en el asiento del pasajero el control del timón mientras tu controlas el acelerador. O viceversa. Eventualmente eso conducirá a un accidente.

Darle a Dios el control de solo una parte de tu vida no funciona. Para que tu vida vaya de acuerdo al camino que Él tiene planeado para ti, que es perfecto y bueno, Él debe tener el 100% del control.

Soltar el Control

El Camino que te Conviene

Proverbios 3:5-6 dice: “Confía en el SEÑOR con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas.”

Así como tú sabes que ese bebé está caminando hacia un accidente seguro, Dios sabe hacia dónde vas mucho mejor que lo que tú entiendes. Acuérdate que los pensamientos de Dios son mucho más altos que los tuyos (así como tus ojos son a los del bebé). En Isaías 58:8-9 Dios nos dice: “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.”

Dios tiene planes maravillosos para tu vida y sabe por dónde llevarte para que se realicen. Solo tienes que darle el control.

“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara el Señor— “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza.” – Jeremías 29:11

Oración

Querido Dios, es difícil soltar el control, y te pido perdón por no confiar en que tú harás. Desde este momento te entrego el completo control de mi vida, en todas las áreas, al cien por ciento.  Confío en que tú me guiarás por ese camino que está en tu plan perfecto para mi vida, que es de bienestar y de un buen futuro. Gracias Padre. En Cristo Jesús, amen.

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