El Balance Entre la Mente, Espíritu y Cuerpo

Por Alexandra Rossi

balance

Dios creó al ser humano con un balance perfecto entre mente, alma, espíritu y cuerpo. Componentes esenciales para vivir una vida plena, agradable a los ojos de Nuestro Hacedor, y de gran gozo para vivir nuestros días debajo del sol.

Génesis 2:7 nos dice: “Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en un ser viviente”. No somos solo criaturas físicas; llevamos su aliento, su Espíritu. Este diseño divino significa que nuestra salud física, emocional y espiritual están profundamente conectadas.

Todo está Conectado

Sin embargo, muchas veces, por el afán de la vida y situaciones que escapan de nuestro control, dejamos que nuestra mente se llene de ansiedad, estrés o depresión. Nos olvidamos de que lo que pasa por nuestras mentes y por nuestros corazones, se refleja en nuestros cuerpos. Lo que debemos hacer es pedirle a Dios que nos de discernimiento y nos llene con su sabiduría, para que tengamos la mente de Cristo y no la nuestra. De esa manera, nada ni nadie podrá afectar nuestra salud mental y, por ende, nuestra salud corporal.

Proverbios 3:7-8 dice: “No seas sabio en tu propia opinión; más bien, teme al Señor y huye del mal. Esto infundirá salud a tu cuerpo y fortalecerá tus huesos.”

¿Haces la conexión? El temor a Dios es espiritual, huir del mal es una decisión cerebral, pero esto da salud a tu cuerpo y a tus huesos. ¡Qué palabra más poderosa!

La Fe No Solo Mueve Montañas

En algunos pasajes de la Biblia Jesús sanó a varias personas al decirles “Tu fe te ha sanado”. ¿De dónde viene la fe? De la mente. Jesús sabía que estas personas tenían fe en que Él las sanaría y eso hizo que sus cuerpos sanaran. Si tuvieras fe del tamaño de una diminuta semilla de mostaza podrías no solamente sanar el cuerpo de otras personas sino a ti misma. Amiga, tu mente es más poderosa de lo que piensas.

Nuestro Estado de Ánimo nos da Vida o Muerte

En la Biblia se menciona que estar gozosos es lo que Dios desea para nosotros. Él no desea que estemos tristes, envidiosos, amargados, o enojados. ¿Por qué? Primero que todo, porque nos ama. También porque nos es tropiezo para vivir una vida sin pecado, pero también porque lo que guardamos en nuestra mente y corazón afecta nuestra salud corporal. Proverbios 17:22 dice: “Un corazón alegre es buena medicina, pero un espíritu triste seca los huesos.”

Tu Mente Afecta tu Espíritu

Cuando tu mente se turba, tu espíritu pierde la paz. Pero cuando tu mente está confiada en que Dios, tu Padre Celestial, te tiene de Su mano, tu espíritu descansa. En Isaías 26:3 dice: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Confía en Dios, acércate a él cada día en oración, lee Su Palabra, que es la Biblia, y no solamente Él enderezará tu camino, sino que tu espíritu tendrá paz en medio de la tormenta.

Pensamientos de Vida

Tu mente afecta tu cuerpo y tu espíritu, así que ¿en qué pensar para que haya un balance armonioso de paz, gozo y bienestar? Pablo lo dice muy bien en su carta a los filipenses: todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8).

Tu Cuerpo: Templo del Espíritu Santo

Las Escrituras enseñan que la forma en que tratamos nuestro cuerpo físico es de gran importancia para Dios, ¿por qué? Porque el Espíritu Santo habita en tu corazón, y por ende, tu cuerpo es el templo del Espíritu Santo. 1 Corintios 6:19-20 dice: “¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en ustedes…? Por lo tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo”. Esto significa que el descanso, la alimentación e incluso el ejercicio no son solo disciplinas físicas, sino espirituales.

 

En conclusión, cuidar de nuestra mente, espíritu y cuerpo es primordial para llevar una vida balanceada y gozosa. Y si te sientes cansada o sin energía, tomate un descanso. Incluso Dios descansó al séptimo día de la Creación, y Jesús  se tomó tiempo para descansar y cuidar su cuerpo (Marcos 6:31).

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